
Jugar al póker no se trata sólo de jugar a las cartas con ciertas reglas y una buena dosis de suerte. En este intervienen otros factores que condicionarán las tácticas y estrategias del participante, en algunos casos aún más que la fortuna con la que cuente.
La cantidad de jugadores intervinientes en la mesa, las probabilidades que ofrecen las cartas comunitarias, el valor de las ciegas, la posición que se ocupa en la mesa con respecto al turno de la apuesta.
También el tamaño del stack con relación al resto de los participantes, el volumen alcanzado por el bote, la viabilidad que tenga el proyecto o los proyectos antes de ver el flop y muchas otras variables y condicionamientos propios de cada mano en particular juegan un rol fundamental en el desarrollo de cada partida.
La cantidad de fichas disponibles para realizar apuestas (stack) suele suele ser determinante a la hora de definir una estrategia.
Un stack bajo nos obliga no sólo a elegir cuidadosamente la mano en la que vamos a intervenir con fichas, también nos exige considerar a que jugadores vamos a enfrentar, cómo mueven estos sus apuestas, con que cantidad de fichas cuentan para responder nuestro envite, si resulta conveniente realizar apuestas de continuidad, si ante un flop bajo es factible jugarse un farol…
