
Desde que se descubrieron las llamadas “neuronas espejo” se incrementaron los registros en cuanto a la postura de la simulación.
La base de datos obtenida de los laboratorios de Giacomo Rizzolatti y Vittorio Gallese, que fueron publicados en el año 2005, demuestran que dichas neuronas codifican las intenciones asociadas a los movimientos que vemos.
El neurólogo Marco Jacoboni sostiene que de acuerdo con la información que se ha recabado de dichas neuronas, copiamos de manera automática y bastante inconsciente lo que hacen los demás.
Dichas neuronas nos ayudan a simular en el cerebro los propósitos de los demás, y nos brindan una visión de sus estados mentales.
Así mismo nos brindan la comprensión automática de los movimientos de los gestos y de las manos de las otras personas y la reproducción de tales gestos, como si viviéramos dentro del otro.
Para los que padecen el síndrome de Moebius desde su nacimiento tienen un impedimento genético para mover los músculos del rostro, lo cual les impide reconocer las emociones de los demás, por eso mismo, son incapaces de vivir la expresión facial del otro, ni percibir el propio.
Las personas que lo padecen nunca podrán otorgarse el placer mental de un juego de póker, porque no pueden “leer al otro”, ni con gestos que delaten o generen información. Solo podemos reconocerlas de manera explícita después de apreciar las emociones con las expresiones faciales observadas.
